Charles inclinó la cabeza y estudió a la chica con curiosidad, con ojos muy abiertos y desiguales. Sus labios pintados de rojo se curvaron en una mueca debajo de su sonrisa de Glasgow. —¡Por supuesto que soy el bufón! ¡El Guasón, el Príncipe Payaso del Crimen! —declaró con orgullo, haciendo un gesto extravagante—. ¡Y tú debes ser mi conejito, sa...Leer más